De la Resurrección de los Cuerpos

De la resurrección  de los cuerpos

¿Qué nos enseña el undécimo artículo del Símbolo? El undécimo artículo del Símbolo nos enseña que al fin del mundo, antes del último juicio, el alma de cada hombre se unirá a su propio cuerpo, para no volverse a separar. Todos resucitarán: tanto los que hayan muerto antes de aquellos tiempos, como los que mueran entonces.

¿Por qué se dice la resurrección de la carne? Porque en esta segunda unión del alma y del cuerpo, éste, y no el alma, es el que revive.

¿Cómo se prueba el dogma de la resurrección? Pruébase: 1º Por la enseñanza de la Iglesia, que lo afirma en sus Símbolos, y que ha definido, en el cuarto concilio de Letrán, que todos los hombres resucitarán con sus propios cuerpos. 2º Por la Sagrada Escritura:  “Sé que mi Redentor vive, y que yo he de resucitar del polvo de la tierra en el último día, y de nuevo he de ser revestido de esta piel mía, y en esta mi carne veré a mi Dios: a quien he de ver yo mismo en persona, y no por medio de otro, y a quien contemplarán los, mismos ojos míos. Esta es la esperanza que en mi pecho tengo depositada” (Job., XIX, 25-27) – “y la muchedumbre de los que duermen o descansan en el polvo de la tierra, despertará: unos para la vida eterna, y otros para la ignominia, la cual tendrán siempre delante de sí” (Dan., XII, 3) – “Tú, oh perversísimo príncipe, nos quitas la vida presente; pero el Rey del Universo nos resucitará algún día para la vida eterna, por haber muerto en defensa de sus Leyes” (II Mac., VII, 9) – “Todos los que están en los sepulcros oirán la voz del Hijo de Dios; y saldrán los que hicieron buenas obras a resucitar para la vida eterna; pero los que las hicieron malas, resucitarán para ser condenados” (Juan V, 28, 29) – “Quien come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el último día” (Juan VI, 55) – “Dícele Jesús (a Marta): Tu hermano resucitará. Respóndele Marta: Bien sé que resucitará en la resurrección universal, que será en el último día” (Juan XI, 23, 24) – “Si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó.., Pero Cristo ha resucitado de entre los muertos, y ha venido a ser como las primicias de los difuntos. Porque así como por un hombre vino la muerte al mundo, por un hombre debe venir también la resurrección de los muertos, Que así como en Adán mueren todos, así en Cristo todos serán vivificados” (I Cor., XV, 16-22) – “En un momento, en un abrir y cerrar de ojos, al son de la última trompeta: porque sonará la trompeta, y los muertos resucitarán en un estado incorruptible, y entonces nosotros seremos inmutados” (I Cor., XV, 52).

¿Puede probarse por la razón la conveniencia de la resurrección? Sí: la razón suministra tres principales argumentos de conveniencia en favor del dogma de la resurrección. 1º El destino del alma del hombre es estar unida al cuerpo, que es su complemento natural: por eso desea estarle unida y repugna el estar de él separada; luego, después de la muerte ha de aspirar a volverse a unir con él, para no quedar incompleta; pues si el cuerpo no resucitase, el hombre, obra predilecta de Dios, permanecería eternamente en un estado contranatural. 2º Siendo el cuerpo en este mundo el instrumento natural del alma para el bien o para el mal, es justo que participe de las recompensas o de los castigos de la otra vida. 3º Si el hombre, que es el resumen de la creación, no resucitara, faltaría durante toda la eternidad un grado en la escala de los seres: el grado que media entre los espíritus y los cuerpos.

¿Ofrece la materia imágenes de la resurrección? Sí: el árbol que privado, al parecer, de vida durante el invierno, renace en la primavera; el grano de trigo que, después de haberse podrido en la tierra produce en el estío lozana espiga; la oruga que sepultada en su capullo, sale de él convertida en mariposa, son otras tantas figuras de la resurrección del hombre. Dios, antes de consignar en las Escrituras la creencia en la futura resurrección de los cuerpos, la depositó en sus obras; y antes de enseñarla por su palabra, la manifestó por su poder. (TERTULIANO).

¿Es posible la resurrección de los muertos, dada la destrucción que se opera en los cuerpos después de la muerte, y sobre todo después de tantos siglos? Sí, porque aunque nuestra razón extrañe el prodigio de la resurrección al fin de los tiempos, hay que tener presente que a la omnipotencia de Dios le será tan fácil reunir los elementos esenciales de nuestros cuerpos como le fue fácil sacarlos de la nada. “Huesos áridos… Esto dice el Señor: Pondré sobre vosotros nervios….. y os cubriré de piel, y os daré espíritu, y viviréis, y sabréis que yo soy el Señor” (Ezqu., XXXVII, 4, 5, 6).

¿Cómo se verificará la resurrección? Puesta el alma en presencia de los elementos de su cuerpo reunidos por el poder de Dios, se unirá a ellos, y los organizará en cuerpo humano comunicándoles la vida, movimiento y sentimiento propios de este nuevo estado. Se ha de tener en cuenta que no es necesario que resucitemos con todos los átomos que en el momento de la muerte comportan nuestro cuerpo; porque como la materia de nuestro cuerpo es nuestra por estar informada por nuestra alma, y ésta no cambia, poco importa la cantidad de átomos nuestros que se hallen.

El cuerpo resucitado ¿será para cada hombre sustancialmente el mismo que antes tenía? Sí, pues se reconstituirá con los elementos que esencialmente formaban el cuerpo al tiempo de morir. 

Estado de los cuerpos resucitados 

¿En qué estado resucitará Dios a los cuerpos?  Es de suponer que los resucitará en el estado de integridad y completo crecimiento en que fueron creados Adán y Eva.

¿En qué consistirá este estado de integridad y completo crecimiento? 1° En que los cuerpos resucitados carecerán de todo defecto físico, y tendrán completos todos sus miembros y órganos; 2° en que, según la general opinión de los doctores, tendrán el crecimiento propio de la edad viril.

¿Serán todos los cuerpos iguales? No: conservarán las diferencias individuales que llevan todas las obras divinas.

¿Estarán los cuerpos sujetos a las funciones de la vida vegetativa? No: en esto se parecerán a los puros espíritus. “Después de la resurrección, los hombres… serán como los ángeles de Dios en el cielo” (Mat., XXII, 30).

¿En qué se diferenciarán los cuerpos de los justos y los de los réprobos? El alma, transfigurada por la gloria celestial, comunicará a los cuerpos de los justos cualidades que no tendrán los de los réprobos. “Todos a la verdad resucitaremos, mas no todos seremos mudados” (I Cor., XV, 51).

¿Qué nos enseña el apóstol San Pablo tocante a este cambio? Después de comparar el cuerpo del justo a la simiente que arrojada en la tierra no germina si primero no se pudre y muere, dice:  “Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción. Es sembrado en vileza, resucitará en gloria. Es sembrado en flaqueza, resucitará en vigor. Es sembrado cuerpo ani­mal, resucitará cuerpo espiritual” (I Cor., XV, 42-44). Es muy conveniente que nuestra carne, purificada y consagrada por los sacramentos, alimentada con el cuerpo y la sangre de Jesucristo, hecha templo del Espíritu Santo, sea glorificada un día, y no se quede para siempre sumida en el polvo y abyección del sepulcro.

¿Cuáles serán las dotes de los cuerpos gloriosos? Las dotes de los cuerpos gloriosos serán impasibilidad, claridad, agilidad y sutileza.

¿Qué es la impasibilidad? Es la cualidad sobrenatural que hace al cuerpo inaccesible a los padecimientos y a la muerte.

¿Quiere esto decir que los cuerpos glorificados son más insensibles? No, pues los sentidos, afinados y perfeccionados, disfrutarán de los más puros goces que puede ofrecer la naturaleza, también transfigurada,

¿Qué es la claridad? Es la cualidad sobrenatural que comunica al cuerpo una luz resplandeciente. El cuerpo brillará con la claridad que le comunique el alma, así como el alma bienaventurada brilla con la claridad que recibe de Dios. “Los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre” (Mat., XIII, 42).

¿Qué es la agilidad? Es la cualidad sobrenatural que hace al cuerpo tan rápido como el pensamiento.

¿Qué es la sutileza? Es la cualidad sobrenatural en cuya virtud el cuerpo puede atravesar la materia sin dividirla, como la luz atraviesa un cristal.

¿Por qué se dice que estas cualidades son sobrenaturales? Porque en el cuerpo glorioso, estas cualidades emanan del alma transformada por la visión beatífica.

¿Cuál será el tipo de los cuerpos gloriosos? El cuerpo de Jesucristo,  “que transformará nuestro vil cuerpo, y lo hará conforme al suyo glorioso, con la misma virtud con que puede sujetar a su imperio todas las cosas” (Filip., III, 21).

¿No tienen algunos bienaventurados, además de estas cualidades esenciales, a todos comunes, cierto grado de gloria particular? Sí: la aureola.

¿Qué es la aureola? La aureola es el gozo accidental en virtud de una victo­ria insigne, redunda del alma sobre el cuerpo del bienaventurado comunicándole su resplandor particular.

¿Cuántas clases de aureolas hay? Tres, correspondientes a otras tres insignes victorias sobre los enemigos de la salvación. Son las siguientes: 1ª la de los mártires, que han triunfado del mundo; 2ª la de los vírgenes, que han triunfado de la carne; 3ª la de los doctores que han triunfado del demonio, disipando las tinieblas del error.

¿Cómo serán los cuerpos de los réprobos? Serán inmortales como los de los bienaventurados, pero no tendrán las cualidades gloriosas.

¿Por qué estarán privados de las cualidades gloriosas? Porque sus almas, malditas por Dios, y de Él separadas, necesariamente han de hacer miserables los cuerpos que les están unidos.

¿Qué tendrán en vez de la impasibilidad? Estarán siempre padeciendo tormentos indecibles.

¿Y en vez de la claridad? Espesísimas y eternas tinieblas.

¿Y en vez de la agilidad? La dificultad que para moverse experimenta el prisionero cargado de pesadas cadenas, o el paralítico totalmente privado de movimiento.

¿Y en vez de la sutileza? La tosquedad propia de la más grosera materia.   ^

RESUMEN 

Resurrección.- Al fin del mundo, cada alma se volverá a unir a su propio cuerpo. Esta verdad se prueba por la enseñanza de la Iglesia, por la Sagrada Escritura y por la razón. Contra la resurrección se objeta la dispersión de los elementos de nuestros cuerpos después de la muerte; pero los que tal discurren olvidan que Dios todo lo puede, y si pudo crear nuestros cuerpos de la nada, no le será más difícil reunir los elementos esenciales de nuestros cuerpos, por dispersos que estén.

Estado de los cuerpos resucitados.- Es de creer que todos los cuerpos, aun los de los condenados, resucitarán en el estado de integridad y total creo cimiento en que fueron creados. Adán y Eva. Pero los cuerpos de los justos tendrán cualidades que faltarán a los de los réprobos. Los cuerpos de los justos serán: 1º impasibles, es decir, inaccesibles a los padecimientos; 2º resplandecientes, es decir, que brillarán con la claridad que les comunicará el alma; 3º ágiles, es decir, rápidos como el pensamiento; 4º sutiles, es decir, que podrán atravesar la materia, como la luz atraviesa el cristal. Además de estas cualidades, algunos cuerpos tendrán un grado de gloria particular, que es la aureola. Hay tres clases de aureola: la de los mártires, la de los vírgenes y la de los doctores. Los cuerpos de los réprobos serán inmortales; pero en lugar de la impasibilidad, estarán siempre padeciendo tormentos indecibles; en lugar de la claridad, tendrán espesísimas y eternas tinieblas; en lugar de la agilidad, experimentarán para moverse la dificultad de un prisionero o un paralítico; y en vez de la sutileza, tendrán la tosquedad propia de la más grosera materia.